1 de agosto de 2011

...

Tal vez no sea el mejor ejemplo del mundo para esto que voy a decir. Pero no merece la pena sufrir tanto, la verdad. Para ser sinceros no merece la pena ni tan solo un poco. Antes o después te acabas olvidando de los detalles de los que siempre te acordabas, antes o después acabas pasando de esas cosas y miras hacia delante, tentando a la suerte. Guiñando ojos al pasado. Y es así como tienes que ver tu mundo, como una moneda. Una moneda que está posada sobre la mesa, ni por la cara ni por la cruz, ni por arriba ni por abajo. Que se mantiene en equilibrio, ella sola, y que hay veces que esa moneda se caerá hacia la cruz, pero siempre habrá alguien que la ayudará a levantarse.

Es único.

- ¿Y cómo sabes que es él?
+ Porqué siento lo mismo al verle que al no verle.
- ¿Qué sientes?
+ Que es mi vida entera.
- Has querido a otras personas, a lo mejor es uno mas..
+ No, esta vez es diferente.
- ¿Por qué?
+ Porque es el único capaz de sacarme una sonrisa cuando más lo necesito, el único que consigue hacerme feliz con un me encantas, o simplemente con mirarme, rozarme, el único con el que quiero dormirme y despertar al otro dia sabiendo que está a mi lado, y que lo estará siempre, día tras día...

Enamorada (L)

- ¿Puedo hacerte una pregunta?
+ Claro. ¡Dispara!
- ¿Cuándo te enamoraste de mí?
+ No lo sé... Hace ya tanto tiempo...
- Pero... ¿Cómo y cuándo te diste cuenta de que estabas enamorada de mí?
+ Ah, eso es fácil. Me di cuenta de que estaba enamorada de tí cuando las horas pasaban rápidas a tu lado y lentas cuando no lo estaba; cuando vi que empezaba a añorarte cuando hacía diez segundos acababa de hablar contigo; cuando te acercabas a mí lentamente y me ponía nerviosa; cuando me besabas; cuando me decías te quiero al oído; cuando te veía conectado en el chat y lo primero que quería era que me hablases o hablarte yo; cuando pasaba horas y horas viendo fotos tuyas sin aburrirme; cuando pronunciaban tu nombre y yo prestaba atención al tema de conversación; cuando me ponía nerviosa al ver que me estabas mirando; cuando me sacabas esa sonrisa, esa sonrisa de idiota...; cuando me abrazabas; cuando quería verte; cuando hacía todo, todo lo posible por verte; cuando buscaba cualquier excusa para ir a verte; entonces fue cuando por estas cosas y muchas más, pensé y llegué a la final conclusión de que estaba total e irracionalmente enamorada de tí.